HAN GANADO LOS MALOS

Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

lunes, 22 de enero de 2018

Mientras camino, como Roubaud



el sol se está poniendo    por atocha
esta vez     el camino     es diferente
a mis espaldas          lejos de Velázquez
eucaliptos   y pinos       van de frente

vengo de protocolos          del archivo
todo el día        husmeando viejos papeles
uno de ellos     decía     que Velázquez
en la calle Olivar     teniá talleres

la historia de china     vendió     mendoza
al robles     el librero       el ochenta y siete
el lago se corona de colores
y se va oscureciendo        mansamente

el viajero      no quiere volver pronto
si la tarde se va       algo se muere






jueves, 18 de enero de 2018

Sinestesia de los helados chinos

Siempre tuve el vicio de los helados, que cultivo con primor místico; pero ese vicio se me acrecentó en china en donde tenía el hábito de comer tan solo cuando sentía hambre –el hombre es el único animal con ejemplares obesos, que comen cuando no tienen hambre–; pero ese primor místico se doblegaba con los helados, de los que ofrezco una variación mozartiana, porque tres son las variantes de los helados en china: aquellos que despreciaremos, como son los europeos y americanos, que van de los Haggen Dazz (nunca sabré cómo se escriben y no pienso esforzarme) a los de MacDonald, los unos desechados porque cuestan el doble que una comida normal y además son pequeñitos; los otros porque huelen a la fritanga de carnes desconocidas. Incrementan esas variedades los italo-argentinos, que se van introduciendo poco a poco, también tan caros como una cena. En segundo lugar se encuentran los helados “cremosos”, de solo un par de sabores (blancos y rosas) que una máquina expende rellenando un cucurucho: es un tipo de helado primitivo, que todavía se puede comer en España, en ferias y puestos de poca monta. Era el helado dominante en china hasta hace poco, insalubre, dulzón, grasiento…. No tenía mucha gracia.



Y dejo para el final los auténticos pinchilines   冰激凌, los xuegao 雪糕, que así se llaman; y solo de pronunciarlo me dan ganas de tirarme a la calle para intentar buscarlos. Es una variedad generosa, pues engloba todos los que se amontonan en los congeladores de las tiendas menudas, a la entrada de la tienda, es decir, prácticamente al alcance de la mano del paseante, suelen ser de muchos colores, aspectos y sabores. Son baratísimos –aunque a veces aparece entre ellos algún “Magnum”, que hay que despreciar, eh–. Entre todos hay una variedad, que suele costar entre dos y cuatro yuanes, es decir, entre treinta y cincuenta céntimos, que alcanza la plenitud del sabor cuando el viajero está a punto de desmayar: el “pinchilin de niu nai”, 牛奶冰激林,el helado de leche, que a modo de polo se envuelve en un papel blanco, de forma rectangular, textura mordible y esponjosa, sabor celeste. He comido “pinchilines de niunai” en Mongolia, en Xixuanbanna, en Hangzhou, en Giulin, en Jiuzaigou….. Alivio y alimento del viajero hambriento, con su qué de azúcar para mantener el ritmo. 

Aun recuerdo lo que pasaba en Harbin, la gran ciudad rusa de Manchuria, en donde por la noche –es verdad que era verano– producían cajas y cajas de “pinchilines de niu nai” con ligeras y discretas variaciones en el sabor, por el procedimiento de añadir semillas o al haber mezclado la leche con café o  chocolate. Según aparecían las cajas de pinchilines, con cien o doscientos helados, hacíamos cola y los despachábamos en un momento, hasta que traían otros. ¡Que orgías de helados! Y por la calle todo el  mundo iba con su “pinchilin”, gente feliz.
Hete aquí que en mi último viaje, en la estación de Schenzhen, hice mi último descubrimiento, el “pinchilin de liuliá”  (liulian ) que entre nosotros debe llamarse de “durián”, fruta desconocida por estos pagos, medio tropical, que se suele vender por las calles de toda China (en Chengdu, Lijiang, Jinghong….), normalmente pelada, y que se reconoce por lo mal que güele (por eso lo escribo con g-) y lo bien que sabe. Naturalmente que compré y me comí uno.



Pero antes, para que el placer fuera completo busqué una sinestesia. Sí que saben ustedes lo que es una sinestesia: con el helado ya descubierto, sin papel, y la ansiedad por hacerlo mío, miré alrededor en busca de alguna dama hermosa, con exquisita discreción, de verdad; había varías, pero finalmente me centré en una preciosa chica china de grandes gafas, ojos almendrados, cola de caballo y vaqueros calzados a presión. Me senté enfrente y empecé a comerme el helado de Durián. Sinestesia.

miércoles, 17 de enero de 2018

El Buscón

Alianza me acaba de enviar la última reedición de El Buscón de Quevedo, en la que he podido corregir quisicosas y detalles que deturpaban la vieja edición, sobre la que hubo sus más y sus menos, primero con un hispanista francés Edmond Cros, que también giró hacia el manuscrito B, un poco después de que yo lo hiciera, y después de haberme escuchado una conferencia sobre manuscritos en la Universidad de Pitsburgh, en donde él era profesor. Vino a decir lo contrario –delante de mis alumnos– en una charla de la Casa de Velázquez, en Madrid. Y algo hubo.


Peor fue cómo le sentó a Lázaro Carreter que alguien cambiara el texto que él había establecido hacia 1965, y que también había registrado como suyo, copyright, no como de Quevedo. Todo el mundo se atenía a aquel texto. 
Lázaro publicó un artículo algo violento contra mi edición  al frente de una edición facsimilar, la del manuscrito Bueno, en la fundación Lázaro Galdiano. Y su correveidile, es decir, Francisco Rico, colgó la perorata en internet (en un llamado "Centro para la edición de Clásicos españoles") en donde las tonterías e ignorancias de uno y otro se podían leer fácilmente. Hube de contestarles, desde luego, porque, entre otras cosas, mis alumnos no sabían si aquello era cierto o no. Me llamaron varias veces para que no lo publicara, una de ellas el director entonces de la RAE, Víctor García de la Concha. Y claro está que lo publiqué: "El Buscón y el Lazarillo" (en VOZ Y LETRA, 2002, XIII, 2), en donde el Lazarillo era don Fernando Lázaro Carreter. Allí se puede leer.
Batallas viejas. La vieja guardia de la Filología estaba acostumbrada a hacer lo que le daba la gana. Creo que todavía quedan retazos de aquellas soberbias. 
Luego he publicado varias veces más cosas sobre Quevedo y sobre El Buscón, entre ellas na monografía, medio centenar de artículos y una edición más del Buscón, en la edición de las Obras Completas de Quevedo, dirigidas por Alfonso Rey –uno de los mayores quevedistas–. Alfonso Rey no estaba de acuerdo con mis criterios editoriales, ni yo con los suyos; pero ambas cosas son compatibles con la amistad, que en mi caso al menos alcanza al afecto y la apreciación de su tarea, como profesor, como filólogo y como quevedista.


Tartaletas de espinacas


Hace tiempo que no incluyo entre las entradas del blog alguna receta. Creo que la culpa la tienen los "masterchef", sobre todo los infantiles, porque suele repugnarme que se lleve a los chavales a otra esfera que no sea la suya: que se les disfrace como adultos, que canten, que realicen oficios que requieren algún tipo de responsabilidad, etc. Y por otro lado, el empleo de esa vieja ventana pública, la TV, como lugar en donde no suele ocurrir nada serio....

En fin, que las espinacas, que yo empleo naturales y bien lavadas, se rehogan con un par de ajos, añadiendo al final media bolsita de piñones, hasta que se doren, y todavía después que se han reducido y no consumido, aceitunas (prefiero negras en este caso) deshuesadas o partidas. Se rehoga muy poco, normalmente no hace falta sal –por las aceitunas. Se aparta del fuego para preparar, puede ser con masa de empanadillas, las tartaletas, que en este caso se emplean de dos en dos, cerrándolas con las puntas del tenedor, como usual. Una vez untadas con aceite –dedo o pincel– se llevan al horno, pero a 170-190 grados, y se dejan hasta que se doran. 
Se pueden servir con ensaladas o con salsas,





China y España. Geografía e Historia

 

Este humilde investigador está trazando la historia común que abrieron China y España desde mediados del siglo XVI, con el precioso antecedente de los portugueses, que tuvieron la desgracia de caer bajo la tutela de la Monarquía Hispánica hacia 1580. Ha publicado ya dos aburridos y densos repertorios (en la revista VOZ Y LETRA) sobre las "Fuentes" comunes para trazar esa historia desde la vertiente española, que es la de mi especialidad, pues durante mucho, mucho tiempo he sido lo que se llama "Catedrático de Literatura Española" en una ínfima universidad española, la Autónoma de Madrid, y en otras de medio mundo. Liberarme de la madrileña me ha permitido abrir mis trabajos e investigaciones, sin las trabas y problemas con que la UAM impedía cualquier trabajo serio de investigación, lo que ha prolongado negándome el pan y la sal –por ejemplo una acreditación de que allí trabajé durante cuarenta años.


Esos dos repertorios, por cierto, se están traduciendo al chino, en donde he visto, en efecto, que saben todo lo que desde allí se puede averiguar, pero les queda lejos lo que se podría completar desde aquí; más o menos lo que nos ocurre a los investigadores de esta ladera. Y bien que lo he podido comprobar, por ejemplo, en el espacio que se concede al contacto temprano Europa-Asia en el museo de Guangzhou.


En estos momentos, el investigador, con sus ribetes de viajero, lo que hace es viajar a China –y alrededores, mi próximo viaje será a la isla "Fermosa", a Taiwan– cargado de documentos, mapas, ideas y un mandarín en pañales: entiéndase que balbucea el mandarín, no que le acompañe un traductor chino en calzoncillos. Mira, ve, fotografía, lee, etc. Y coteja lo que ve con lo que sabe de los viejos tiempos. Ayer, verbo y gracia, en la Biblioteca Nacional de España, sala Cervantes, cotejé lo que que acaba de ver en mi último viaje con lo que voy sabiendo de los viejos textos manuscritos, en este caso pongo el ejemplo de un curioso manuscrito del siglo XVI (una de sus partes se redactó y probablemente se copió en 1533, por cierto: inédito y sin digitalizar) que habla exactamente de lo mismo que yo he visto ("Breve informaçáo sobre algunas cosas das ilhas de Cantao") el conjunto de islas que rodeaban –y rodean– a Guangzhou (Cantón: Ançao, Amaçao, Nantao...), la retahíla de puertos que bordean la costa, etc. Y hasta una par de páginas en la que los jesuitas portugueses –pues el texto está en portugués– esbozan como se podría conquistar La China, no se sabe si espiritual o realmente, o si ambas cosas. Y con ese motivo se describen adecuadamente las tres islas mayores y sus poblaciones. También se leen allí una "Relaçao das cidades, vilas e lugares e guarniçoes que contem en si a grande reino ou imperio da China..."


Y de ese modo, poco a poco, voy retrazando aquella historia.
La documentación adjunta incluye un poco de todo, desde la sala Cervantes de la BNE, que la actual dirección de la BNE está consiguiendo con mucho esfuerzo. dinero y publicidad que se quede vacía; hasta el documento en cuestión, y algunas fotos de la parte "europea" del museo de Guangzhou. También, fotos de aquella costa.


martes, 16 de enero de 2018

Dos sonetos invernales al cruzar el Retiro

(.... uno viejo y otro nuevo, los dos remozados, en todo caso)

1

vuelve la lentitud       vuelve el invierno
el tiempo esconde     frágiles     sus manos
cubre       con un reguero de silencios
un horizonte ciego       casi blanco

voy recordando el aire de un sexteto
nunca brahms     de tal modo       habia sonado
todo parece haber sido     impreciso
inolvidable luz       lugar de paso

y ahora que diciembre    ya se fue
y que el tiempo     desciende acobardado
miramos lejanías      como estampas
ponemos  la tristeza  a nuestro lado

los árboles se van quedando     sin hojas
La vida     se me está yendo    de las manos
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II


parece    que ya entró   el frío de enero
hasta nieves      me dicen    han esperado
cruzo el Retiro    siempre    de mañana
el agua helada     brilla en los charcos

entre las ramas    de los árboles    más viejos
un sol limpio    tirita     sobre el prado
solo queda la luz      entre los árboles
puro Retiro     leve     desnudado

invierno siempre      es breve en el Retiro
presume de las lluvias     que han lavado
el sutil aire      que madrid respira
que por eso la corte    aquí    se trajo

tanto lo mira     al paso    este rapsoda
que va a llegar   muy tarde    a su trabajo











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La gran biblioteca de Guangzhou (Canton)


Es quizá una de las cosas que más me han impresionado de la ya por sí impresionante ciudad del sur de China, a donde por primera vez hubo un contacto fecundo entre europeos y chinos, primero los portugueses.


La Biblioteca se encuentra en el nuevo centro moderno, rodeada de rascacielos y al lado del museo de Guangzhou, que también merece comentario aparte.



He entrado y paseado y consultado en ella todo lo que he podido en el tiempo que tenía. Es atractiva, desde luego, por su arquitectura moderna y funcional, enormemente luminosa; pero también por los muchos espacios reservados a los lectores de todas las condiciones, incluidos ciegos, discapacitados, niños, etc.



También me han llamado la atención los atriles gigantescos en donde se pueden leer electrónicamente periódicos y revistas (¿un 300 por cien aumentada cada página?), el sistema de préstamos y devolución, la libre circulación de todos sin que aparentemente haya funcionarios....


Tendrá, como la nueva de Xian, que tengo que visitar, problema de fondos: no parece que pueda tener los originales de lo que se ve en Harvard, la BNE, la BL, la BNF, etc. Pero eso va a a ir cambiando poco a poco; y así, en tanto los museos seguirán siendo en su mayoría pobres, porque no se ha preservado el patrimonio, en las bibliotecas será fácil hacerse con todas las reproducciones da calidad y acabar por tener prácticamente todo.


Enorme satisfacción al saber que hay lugares en donde la cultura se mima, se cuida, sirve como un motivo más para el progreso de la gente.