Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

viernes, 23 de mayo de 2014

...y el final de la representación de Lope de Vega


Cómo mejor se conoce y se aprende algo es probablemente haciéndolo. Por eso nuestros alumnos de teatro clásico español ensayaron una representación, basada en datos históricos, de un espectáculo dramático que iba del tiento, la loa, la comedia, la jácara y el entremés a todo el montaje sobre tablado, con el decorado, las apariencias, el reparto de personajes, etc. Se hizo con cien euros que dio el departamento, lo que dará razón del esfuerzo personal de  los que intervinieron, constituidos en compañía numerosísima, de más de la marca. La verdad es que Dolores Noguera y yo apenas pusimos el impulso y algunas clases, ellos pusieron el resto. Y en conjunto salió muy bien. 

Para el que quiera conocer el guión teórico que nos sirvió de urdidumbre, le recuerdo que lo publiqué en este mismo blog: http://hanganadolosmalos.blogspot.com.es/2011/05/el-teatro-espanol-de-la-epoca-clasica.html


Salió un Lope enredoso, sutil a veces, que hacía trampas a ojos vistas para que el final fuera feliz, y se cargaba las convenciones sociales por vía de algún atrevido guiño que – función teatral por medio– el público de la época no siempre dejaba pasar: no se consentía por las buenas que un criado, como es el caso del Perro del Hortelano, se convirtiera en falso hijo de un conde y así heredara una nobleza que no le correspondía. Lope hacía esas cosas de vez en cuando. Así conjugaba diferencias sociales y concedía el cumplimiento de las pasiones de las clases privilegiadas, sin llegar a la violencia de otros casos.

El verso clásico es muy difícil de convertir en diálogo escénico; pero salió más o menos, porque algunos de los actores echaron mano de las morcillas bien encajadas. Y el público estaba a favor. Se trataba de un ensayo no profesional, de filólogos que se metían en las entretelas de la comedia clásica, para intentar la arqueología que les permitiera conocer mejor el fenómeno histórico de la "comedia nueva".


No se les olvidará a los encargados del vestuario la diferencia entre valona y golilla, sabrá el encargado del movimiento escénico lo que es hablar "al paño", y asumirán los criados su papel de graciosos; como tampoco olvidarán los dos recitadores lo que es una jácara, ni los que montaron el entremés de Cervantes la ambigüedad irónica de sus entremeses. 

Acompaña un sencillo reportaje gráfico, que también da cuenta del reducido y hermoso rincón que nos prestaron en Getafe, el Hospitalillo de San José.











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