Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

lunes, 30 de diciembre de 2013

que acepta no pensar

cuántas veces la luz en amarillos
la tarde desplegó           que se perdía
denso el azul       la noche agazapada
sensación de ignorar     lo que se mira

Nie Ma Czego Trezeba      canta Anna Haase
y algo más aun    que viene    y todavía
será ser lo que entonces soy    será
punza amaga       y muy lejos          se aproxima

y cuántas veces     no saber               se cumple
y es razón de ignorar    sabiduría
y cuántas un destello   nos enseña
lo que fue   lo que estuvo       lo que se iba

criatura perdida   por caminos
que acepta            no pensar    lo que sentía


viernes, 27 de diciembre de 2013

De la vida en los supermercados (Crónicas)

I

He elegido el champú con ilusión,
la elegante etiqueta de aquel frasco
decía claramente gel de baño
sensüal con canela y con te rojo;

de manera que dentro de la ducha
me he embadurnado cuidadosamente,
ojo avizor por si experimentaba
algún apetitoso subidón,

con la imaginación dispuesta a todo
y alguna oscura concesión al paso
del jabón y las manos por la piel....
sin observar ningún reflejo grato.

Una mentira más –pensé frustrado–
de mercachifles y supermercados.



II 
La operación consiste en aumentar
el precio de un producto a casi el doble
y hacer la oferta que se anuncia como
el segundo a mitad de precio. Así,

lo que valía cien va a ciento ochenta
y el segundo se ofrece a la mitad,
es decir a setenta y nueve céntimos;
de ese modo el que pica paga el zumo

a más de ciento diez, mucho más caro
del precio que tenía sin la oferta.
El cambalache mercantil se aplica
a aceites leches zumos frutas vinos....

Y el ingeniero mercantil, tan pancho,
porque están permitidas las estafas.


miércoles, 25 de diciembre de 2013

Elías L. Rivers (en dos tandas de recuerdos. Y II)

Georgina Sabat, PJP y Elias L. Rivers
(al fondo: Ángel Gómez)
En el público del salón de actos de la UAM: PJP, Soledad Carrasco Urgoiti, María Cruz García de Enterría
Una sesión de Edad de Oro en la UIMP de Cuenca:
Aldo Rufinatto, Anne Cruz, Isaías Lerner, Enrique Rodríguez Cepeda
Paloma (alumna organizadora), Domingo Yndurain, Teodosio Fernández, Rafael Alberti, PJP,
Benjamín Prado, Mario Hernández
Tierno Galván (como alcalde de Madrid), Josefina Gómez (rectora de la UAM), Camilo Jose Cela, PJP y el alumno de la organización (Guillermo Carrascón)
José Manuel Blecua, PJP, Mercedes Sánchez
Benjamín Prado, Rafael Alberti,
MarioHernández, Tito de Úbeda








Joaquín González Cuenca y
Mercedes Blanco

Enrique y Celia (de la organización)
En la Posada de San José (Cuenca, lugar habitual del alojamiento durante la clausura). Algunos de los alumnos de la organización (Pedro, Paloma, Nines, Alberto....) Remedios Morales en primer plano. Entre los profesores, Domingo Ynduráin, Ricardo Senabre y Voster.
El año de Lisboa, los organizadores (PJP, Clarita, José Montero, Adriana, Cristina....)
La organización de Edad de Oro
De espaldas: Javier Huerta Calvo y Agustin Redondo. De perfil: Pedro Córdoba (con barba) y F. Cerdan.
De frente: M. Moner, Antonio Cid y Mª Luisa Cerrón Puga
Los organizadores, en rato de descanso, en el centro Juan Ramón Trotter
Y el descanso de los organizadores, en Cuenca

martes, 24 de diciembre de 2013

Elías L. Rivers, en dos tandas de recuerdos (1)

El día 21 –me dicen correos y noticias que llegan de Estados Unidos– ha muerto Elias L. Rivers, conocido y prestigioso hispanista, muy querido colega, que ha dejado una estela impagable de hispanistas, que con él se formaron, y el legado de sus trabajos, fundamentalmente sobre la poesía española de los siglos XVI-XVII y sobre Cervantes. Suya es la edicioncita de la poesía de Garcilaso, en Clásicos Castalia, y que, curiosamente, nunca quiso cambiar, a pesar de la ponderación de su introducción y que de contaba con ediciones y estudios largos y sesudos sobre el mismo Garcilaso.

Javier Huerta Calvo, Luis Vázquez, Elías L. Rivers. De espaldas: Clarita (organizadora).
Es inevitable que recuerde las muchas veces que viajó a España para acudir al Seminario Edad de Oro –vino desde las primeras ediciones– que fundé y organicé durante sus primeros dieciocho años, para hablarnos de Garcilaso, de fray Luis de León, de los clásicos....  Y en nuestra revista publicó sus contribuciones. También acudió para organizar los seminarios sobre Cervantes que organizaba a la par que Edad de Oro en la UAM, mesa redonda a la que acudían los alumnos, becarios, ayudantes, etc. de los últimos cursos (Jesús Gómez, Carmen Valcárcel, Florencio Sevilla, Óscar Barrero, etc.) , que hacían sus primeros ensayos en estas actividades, con lo mejor del hispanismo internacional.
Mi pequeño álbum de aquellas estancias lo recoge en Córdoba, Madrid, Cuenca, etc., afable, tranquilo, sonriente, con la sabiduría de la experiencia, hablando con mis alumnos o compartiendo sencillez con sus colegas.

Elias preside un ágape campestre en una reunión de hispanistas
(Buenos Aires)
En uno de mis viajes académicos a Nueva York –me alojaba en casa de Lía e Isaías Lerner– me alargué a dar varias conferencias quevedianas (Harvard, Baltimore, Pittsburgh....) Una de ellas me llevó a Stony Brook, a donde él me había invitado. Me alojé en su coqueta casa medio cubana –la mano de Georgina, su mujer–; de la estación nos habíamos ido directamente a ella, en donde, mientras charlábamos, me preparó con suficiencia un tortilla francesa (yo creo que con algo de queso), que compartimos, y así mantuvimos el tipo para ir a la universidad, en donde iba a hablar del "Miré los muros de la patria mía...." quevediano, con el riesgo evidente de que se me había olvidado el texto con la charla. A decir de Elías, mejor, porque aquello tuvo el aire de una clase, que es lo que a los dos nos gustaba.

Con PJP en la reunión de la AISO (Córdoba).
Detrás y de blanco, Cristobal Cuevas
A Elías le encantaba su casa de Chinchón –el pueblo cercano a Madrid– y su piso al lado de la glorieta de Bilbao, es decir, apropiado para dar una vuelta por Malasaña o tomar café en el Comercial, en homenaje a don Antonio Machado; pero Elías no pudo mantener todo aquello –distancias y tiempos– y acabó por venderlo todo y trasladarse a Florida. Luego me encontré con él en algunas otras ocasiones, por ejemplo (lo dice una de las fotos) en la Pampa argentina. La última vez, creo recordar, que lo vi físicamente –sabido es que mandaba unas felicitaciones novelescas en las que pasaba revista a su inmensa familia– llevaba una biografía de Quevedo que yo acababa de escribir bajo el brazo: para el avión y para Jim (Crosby), me dijo. Buenos colegas, alguna vez coincidieron en mi casa de Madrid, con asombro de Georgina que –desde su condición cubana– miraba bailar  a Crosby no sé si con reprobación o con envidia.

Rivers (a la derecha según se mira) a la entrada de Edad de Oro en la UAM.
PJP habla con Harry Sieber. Detrás varios de los alumnos organizadores, la
primera (de blanco) Celia (hoy profesora de IES).
Durante alguno de aquellos seminarios de Edad de Oro a lo que aludí, la TVE acudió a dar noticia cultural y me pidió que designara a algún hispanista para entrevistarlo –saldría en el telediario de la uno, y así fue–: les indiqué que podría ser Rivers, y me pidieron unas palabras para explicar en qué consistía aquello del "hispanismo". Mezcla de orgullo y vergüenza, dije en algún momento: son los que han dedicado su vida y su profesión a conocer cómo somos y como hemos sido, investigando en los rincones de nuestra historia.
Seguiremos leyendo a nuestros colegas hispanistas, aunque solo sea para conocernos mejor.

James O. Crosby,
A. Trueblood y PJP

Alan Deyermond, Michel Moner y PJP














Mercedes Blanco y Michel Moner
Y ya puestos, he rescatado algunas instantáneas del viejo archivo fotográfico de Edad de Oro: la resolución en casos no es muy buena, pero a lo mejor alguien gusta de reconocer a gente. Empiezo con las panorámicas, en Madrid (UAM), en Cuenca, en Lisboa.... Se celebraron también en EEUU (Dartmouth, Segovia, Toledo....) 
Seguimos con algunos hispanistas. Y termino con una miscelánea de instantáneas. Parte del álbum pasará a una segunda entrada del blok, que parece que tiene una cabida más limitada que mis fotos y recuerdos.

Empiezo con una miscelánea de instantáneas
El público del salón de actos
de la UAM, desde Carmen
Valcárcel
Organizadores, a la izquierda: Adriana Saint-Supery, PJP,
Florencio Sevilla; a la cabeza de la derecha: José Montero
Concierto en la Iglesia de San MIguel (Cuenca).
En primer término, Agustín Redondo y Michel Moner
Y terminamos con un cariñoso recuerdo de los alumnos –entonces lo eran– que organizaban todo:

Los asistentes se fotografiaban en la puerta de la catedral de Cuenca
Lina Rodriguez Cacho,
Dolores Noguera
y Carmen Valcárcel
Los organizadores de una de las sesiones
(en primer término, Guillermo Carrascón)




lunes, 23 de diciembre de 2013

Que todo ocupe su desorden....

Vamos.      Que todo ocupe su desorden
y descanse por fin el pensamiento,
cada día más cerca de        ser nada
más cerca    y     más hondo       y más lejos

allá se recogió     lo que ya nunca
anduvo   como   hoja  al azar del viento
solo era lo que estaba en cada instante
cada instante       vivía      sin saberlo

a cada paso que lo lleva        va la  fuga
galerías sin fin  se sucedieron
allí crece    la lluvia    transparente    
y bajan las montañas los silencios

hacia lejos    nos llevan   poco a poco
fatigados    y    frágiles                   dispersos



domingo, 22 de diciembre de 2013

Otra vez, los calcetines

Hay que tomar medidas inequívocas,
así no pueden continuar las cosas:
el mes pasado varios calcetines
volvieron a quedar desparejados;

algunos que, eran nuevos, me los puse
solo una vez y ya al primer lavado
perdieron la pareja, aparecieron
en el montón de ropa, solitarios,

sin dejar rastro de su compañero,
sin que nadie pudiera averiguar
qué narices había sucedido
con la colada y al tender la ropa.

Se tomarán medidas rigurosas
para el misterio de los calcetines.



sábado, 21 de diciembre de 2013

¿Otro retrato de Quevedo?


El retrato se encuentra en la pieza que precede al despacho del Marqués de Cerralbo, en el Museo del mismo nombre (Madrid), y he tenido ocasión de ver y analizar tanto el cuadro como los archivos del Museo, gracias a la amabilidad de los conservadores y merced a la cobertura que se da al investigador. El palacio-museo de Cerralbo conserva y expone tal cantidad de objetos artísticos en sus estancias que es difícil ver todo, lo que se agrava por el tipo de iluminación, que no llega o llega mal a muchos objeto y lugares. Supongo que un replanteamiento de toda esa cuestión exigiría ampliar el espacio de exhibición –quizá en edificio anexo– separar piezas, proyectar una iluminación adecuada, etc. Es decir: algo que parece imposible dado el estado comatoso de la cultura en este país. Creo que con la prima de tres o cuatro consejeros de bancos se hubiera podido hacer; pero las decisiones las tienen que tomar los mismos que colocan a aquellos consejeros en los bancos para que los vacíen. Mal asunto. Volvamos al Museo Cerralbo.


El caso es que el retrato del que es cuestión se encontraba en uno de esos lugares de difícil visibilidad y mal iluminado; de hecho, para tomar la foto que va arriba la conservadora hubo de quitar una cinta, darme peúcos de plástico y permitirme cinco minutos para observar el cuadro de cerca.
Lo que allí aparece es un cuadro típico –velazqueño– de un caballero de medio cuerpo en el que sin duda resaltan de inmediato los rasgos característicos de Quevedo (moreno, lentes, bigotes y perilla, etc.), que es lo que uno piensa de inmediato. Comparado con los retratos de Van der Hamen-Velázquez, de Pacheco y con el busto de Alonso Cano se trataría de un Quevedo más joven, sin las entradas de la frente, la piel sin arrugas, el pelo más tupido. Aquellas otras figuras no es difícil datarlas en torno a 1625 (un Quevedo de 45 años), excepto el busto de Alonso Cano, que para mí es bastante posterior, de hacia 1639. La única sospecha que tenemos de una figuración anterior es la impresa (sobre la que puede verse el folleto adjunto, que amplía todos estos datos), que tampoco esclarece nada en nuestro caso:




Me he interesado, obviamente, por su procedencia. En el archivo del Museo aparece en el Inventario de Juan Cabré (1924) descrito como retrato de don Francisco de Quevedo; y no se dice nada en el del 2001. Sin embargo, en el inventario general –así como en la tablilla a pie del cuadro– de dice que es el Marqués de Velada, don Antonio Álvarez Osorio y Toledo, y que el pintor es Pacheco. Y añade, copio: "Aparece por primera vez esta atribución en la postal 11 del cuadernillo serie III de postales editadas hacia 1928-1935. Su busto de perfil hállase representado en la moneda nº 2967 de la colección de este Museo. El lienzo se halla recortado seguramente por haber pertenecido a un cuadro más grande y presenta un enmasillado fin de siglo para unirlo a un cerrca de madera pintado de negro y aumentar así sus medidas de 2,5 cms. en cada lado". 
El cuadro, visto de cerca, no tiene la factura de la serie durante mucho tiempo atribuida a Velázquez (testimonios: Wellington, Salas, Instituto Valencia de Don Juan) y últimamente a Van der Hamen; resulta más tosco, con el dibujo del perfil muy marcado, y no creo que represente al Marqués –por cierto, en cuyo círculo anduvo Quevedo, que incluso le tomó como dedicatario de un opúsculo– que no se retrataría ostentando tan solo su condición de "caballero de Santiago", como es el caso. En fin, tampoco parece que se haya recortado de un cuadro mayor: se trata de las medidas, pose, actitud, etc. de las decenas de retratos de la época. De hecho sin intentamos ir a una atribución anterior, alcanzamos a la "galería Iriarte", de donde pasó a la colección de José Madrazo, en la que figuraba con el número 444. Y allí se lee (1856) esto: "Estilo de Velázquez, Retrato de un caballero de la orden de Santiago...."  No he podido ir más lejos, aunque no descarto que en el siempre cerrado Museo Municipal de Madrid o en el vecino Museo del Romanticismo exista documentación que aclare su primera procedencia y otros detalles, que también buscaré en el Casón del Buen Retiro, es decir, en los archivos del Museo del Prado.
Reproducción (tardía) del busto de Alonso Cano
(BibliotecaNacional de España) en el Museo Lázaro Galdiano
Mucho me gustaría decir que esa cara es la de Quevedo, un Quevedo más joven, de aspecto menos complejo y mirada más limpia, frente al quevedo, digamos, velazqueño, con rasgos muchos más llamativos; pero los datos creo que no ayudan a esa identificación, ya que la golilla que luce, en vez de la gola escarolada (véase la del cuadro con el que forma conjunto, más abajo) y la cruz de Santiago (en 1617) sitúan la fecha con posterioridad a su romance "Yo cuello azul pecador...." (1623), es decir, cuando ya tiene 43 años, lo que en la fecha es varón entrando en edad provecta, por así decirlo, es decir, varón como el que posó para que lo retrataran Van der Hamen o Pacheco: el retratado es bastante más joven.
Por otro lado, Pacheco lo dibujó hacia 1625 para su Libro de Retratos, y aquel soberbio dibujo nada tiene que ver con esta cierta apacibilidad del retrato del Museo Cerralbo, con lo que rechazamos esa doble atribución: retrato de Quevedo por Pacheco, atribución que, además, fue muy tardía, y creo que cuando todavía nos e conocía el Libro de Retratos.
Ahí queda de todos modos, para curiosidad de los quevedistas y por si en el futuro hiciera falta matizar algo más sobre el retrato y el retratado.
El cuadro, por cierto, se ha restaurado un par de veces.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Alcachofas estrelladas


Alguna vez he dicho en este blog que las alcachofas son manjar de difícil preparación;  y quizá con ese motivo añadiría que, al menos en Madrid, hay media docena de sitios en donde las preparan primorosamente. Plato histórico, que anda en las guías de Roma y encandila al paseante de ciudades italianas (los puestos de Venecia, el mercado de Pisa....), un anónimo comentador me recordó las procesiones culinarias del interior de la Bretaña francesa con motivo de las primeras cosechas. Tienen literatura las alcachofas, y andan en el romance de Quevedo y en las curiosas investigaciones de Font Quer. Pero yo ahora me voy a limitar a señalar cómo se hacen las que yo llamo "estrelladas" y que son plato esencial –y carísimo– de las mejores tabernas madrileñas, como La Ardosa, al ladito de la plaza de san Ildefonso, en Malasaña, lugar bien conocido por su tortilla de patata, entre otras lindezas.

Lo curioso es que en estos lugares –la Taberna Moderna es otro, por ejemplo– la carta suele decir "alcachofas a la plancha", a mí me parece que ocultando en el nombre la realidad de su preparación que consiste, de modo más retorcido, en cocerlas o ablandarlas primero, una vez peladas a la manera tradicional desde luego, con unas gotas de jugo de limón, que yo creo que no llevan las de La Ardosa, más oscuras. Y una vez blandas y escurridas, abrirlas con los dedos –el arte del plato estriba en esa operación–, salarlas con sal gorda y ponerlas a la parrilla del horno, hasta que doren ligeramente, cuando se las saca y se las riega con aceite de oliva virgen. Es mejor resistir la tentación y no añadirlas almendra picada, trocitos de jamón, ajo.... 
Dada la preparación, se pueden elegir las más grandes, aunque lo cierto es que la alcachofa pequeñita es más tierna y sabrosa. Otra tarea que conviene cumplir, una vez hervidas y blandas, aunque se hayan despojado generosamente de las hojas exteriores y la corona para hervirlas, vuélvase a quitar la hoja externa que ha quedado ya hervida, pues suele adquirir consistencia de coraza, dura.
El resultado es el de la foto, que acabo de preparar.


miércoles, 18 de diciembre de 2013

Entre versos y bufandas


¿Dónde irá tanto invierno de mañana
con este sol temblando y encogido?;
los carámbanos de las fuentes miran
desiertos los lugares del bullicio;

nievan el boj las hojas de los árboles,
cubren los setos, borran los caminos;
jardineros que limpian la hojarasca
son fantasmas con guantes gorra abrigo....

Cruza el paseante envuelto en su bufanda
–no sacará las manos del bolsillo–,
de repente de un chopo que tirita
a mi paso una hoja se ha caído.

La recojo y la guardo con cuidado
entre versos del blok en donde escribo.






martes, 17 de diciembre de 2013

Homenaje a Bolaño en la BNE


Madrid histórico, el escudo y sus lugares


Escudo en la puerta lateral de San Pedro el Viejo
Me gustaría no sé si matizar o corregir algunas de las noticias más difundidas sobre el escudo de Madrid, que terminan en Wikipedia –que suelo utilizar con suma desconfianza, desde que vi que me había dedicado una entrada con datos parciales, tendenciosos y, en caso, falsos.

Edificio en la C/ Concepción Jerónima,
con escudo arriba
El escudo se estiliza en efecto en un oso y un árbol, que casi siempre se ha identificado como "madroño", aunque hay quien lo niega. Como muestras viejas se ha localizado en la llamada Casa del Pastor de la Calle de Segovia, en otro edificio de la calle Concepción Jerónima, en la Fuente de la Alcachofa (del Retiro) y luego ya, modernamente, por todos lados. Los restantes elementos que se pueden ver en el escudo tienen origen y circunstancias diversas, el más evidente el de la corona imperial de siete estrellas, al conceder Carlos I a Madrid el título de "coronada e imperial".

escudo de Madrid
en la llamada "Casa del Pastor"
de la calle Segovia
Ya que hemos objetado a Wikipedia, que suele cumplir su misión, vamos a compensar y citar el párrafo en el que describe cómo el escudo se perfecciona en 1859:

En 1859 se estableció el primer escudo de la villa desde la constitución de los ayuntamientos constitucionales. Se componía de dos cuarteles y manteladura. En el cuartel la derecha, sobre campo azur, se encontraba la figura de un grifo de oro. En el de la izquierda, sobre campo de plata, un madroño sinople con frutos de gules y un oso empinado a él, lenguado de gules. El terrazado era sinople también. En la bordadura del cuartel de azur, se encontraban siete estrellas de oro de cinco puntas. En la manteladura, sobre campo de oro, se encontraba una corona cívica, concedida a la villa de Madrid por las Cortes Españolas en un decreto promulgado el 27 de diciembre de 1822, durante el trienio liberal. La corona cívica estaba formada por un trenzado en guirnalda de hojas de roble y una banda carmesí.

Maqueta de San Pedro el Viejo
en el Museo Municipal sito
en el viejo Paladio de Paredes
(en el Humilladero, Madrid)
Lo que luego se siguió matizando (en 1967 y 2004 sobre todo), aunque en esencia el origen sigue siendo el del oso, que es lo que figuraba en el estandarte –el pendón– de las gentes que provenían del concejo de Madrid (y ya consta desde el siglo XIII). La figura del oso –que estaría, en efecto, en las montañas de los alrededores de Madrid– suele apoyarse en los árboles para obtener frutos y colmenas, de modo que terminó por aparecer un árbol en el que se apoyaba, del que pendían frutos rojos, identificados como madroños, a su vez identificado como árbol de la zona. El madroño, que luego se ha plantado por doquier, es de raíz corta y débil, se lo lleva el viento con facilidad, no suele ser apto para montañas. 

  
San Pedro el Viejo visto desde el arranque de la calle
del Principe de Angloma, en la Plaza de la Paja
Puerta lateral de San Pedro el Viejo, con el escudo de Madrid (que se reproduce arriba)
Lo que quisiera enmendar o matizar son dos cosas, una artística y la otra literaria. Creo que la imagen más antigua y quizá fiel del viejo escudo de Madrid es la que se ve todavía hoy al pie de la torre de san Pedro el Viejo, en la fachada lateral derecha –según se mira a la puerta principal–. Y creo que el texto literario más fiel y antiguo sobre Madrid y su escudo es el que podemos leer en El buen plazer trobado.... de Juan Hurtado de Mendoza, cuya portada y algunos de sus emocionados versos a Madrid reproduzco. Y el poeta madrileño, antes de 1550 –todavía no ha muerto el Emperador, el libro se imprime ese año– dice bien claramente que el árbol es un madroño. Copio y reproduzco varios de sus poemas a Madrid, en uno de ellos –abajo– comenta cómo es el escudo.

Tengo que avisar que a los dos ejemplares de la edición de esta obra en la BNE se las ha arrancado el escudo y que en el digitalizado para la Biblioteca Digital Hispánica –el de Usoz– no consta, lo que puede provocar confusiones. Sus datos: Buen plazer trobado....; Alcalá de Henares, Ioan de Brocar, 1550 (BNE R.12874 y U/10734; también fue editado en facsímil por la prestigiosa colección de “La fuente que mana y corre....”, en Cieza  (BNE 1/240976).
Madroños con fruto (ayer) en El Retiro
Soneto del autor a la misma Madrid, por donde le dirige esta troba llamada Buen plazer y ofrece su musa al amor y vela en sus loores

Al buen Endymión de amor prendado
dizque cativamente enamorada
la luna y en su sueño desvelada
le amava como a prez de amor preciado.
Yo a vuestro bel Madroño coronado
y fiera en siete estrellas figurada
miro con atención aficionada
en orla azul y campo plateado.
En tanto que agradaros más merezco
y discantar del fin y fundamento
de vuestro escudo antiguo y su mejora
con un crecido amor y acatamiento
mi buen plazer trobado allá os ofrezco
en prendas de la fe que en mi alma mora.