Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

lunes, 14 de enero de 2013

Hemistiquios (II), Métrica


Así pues, lo normal es encontrarse con versos hemistiquiales –poesías escritas sobre ese molde– a partir de los versos dodecasílabos y hasta los hexadecasílabos; aunque el territorio se puede explorar, como vimos, desde cierta variedad de los decasílabos y también a partir de versos por encima del de 16, como vamos a ejemplificar enseguida con este ensayo de Rubén Darío –Venus, de Azul...– claramente 7 + 10, que no se han dispuesto linealmente –es probable que sonaran mal– sino precisamente para que cada verso se componga de esa unión:

En la tranquila noche, / mis nostalgias amargas sufría.
En busca de quietud / bajé al fresco y callado jardín.
En el oscuro cielo / Venus bella temblando lucía,
como incrustado en ébano / un dorado y divino jazmín.
A mi alma enamorada, / una reina oriental parecía  
que esperaba a su amante, / bajo el techo de su camarín;
o que, llevada en hombros, / la profunda extensión recorría,
triunfante y luminosa, / recostada sobre un palanquín.
“¡Oh, reina rubia! díjele, / mi alma quiere dejar su crisálida
y volar hacia ti, / y tus labios de fuego besar;
y flotar en el nimbo / que derrama en tu frente luz pálida,
y en siderales éxtasis / no dejarte un momento de amar”.
El aire de la noche / refrescaba la atmósfera cálida.
Venus, desde el abismo, / me miraba con triste mirar.

Rubén suele gustar de esa conjunción de hemistiquio esdrújulo + otro de final agudo:

forma un joyel artístico, / prodigio del buril.
con aire cinegético, / o en grupo pastoril.
blandiera el brazo de Hércules, / o el brazo de Sansón.

En Azul  también se encuentra la otra posibilidad, la de los dodecasílabos, que Rubén Darío ensaya en su modalidad  más sonora, la de la seguidilla: 7+5:

En su país de hierro / vive el gran viejo,
bello como un patriarca, / sereno y santo.
Tiene en la arruga olímpica / de su entrecejo
algo que impera y vence / con noble encanto.
Su alma del infinito / parece espejo;    [5]
son sus cansados hombros / dignos del manto;
y con arpa labrada / de un roble añejo,
como un profeta nuevo / canta su canto.
Sacerdote que alienta / soplo divino,
anuncia, en el futuro, / tiempo mejor.  [10]
Dice al águila: “¡Vuela!”; / “¡Boga!” al marino,
 y “¡Trabaja!” al robusto / trabajador.
¡Así va ese poeta / por su camino
con su soberbio rostro / de emperador!

En la que es más frecuente que el poeta no tenga que forzar la sinafía entre hemistiqios, evitando que el primero acabe en vocal y con otra abierta comience el segundo:

En humilde caja, / no lira arrogante
no esperéis que cante
de los altos héroes / la inmortal pasión.
Es su voz endeble / y algo quejumbrosa.
En ella reposa, /
con tranquilo sueño, / la vieja canción.
.......   
(Ricardo Gil, La caja de música)

Se verá además que la sextina quiebra a seis, es decir al ritmo de un hemistiquio.
La herencia del "Cendal flotante / de leve bruma" becqueriano, decasílabos hemistiquiales, dejó huella en las generaciones siguientes, por ejemplo en el mismo Rafael Gil. Es necesario que el decasílabo lleve acento de ritmo obligatoriamente en cuarta sílaba:

Entre las hojas / de un libro viejo
guardo unas flores / viejas también;
flores y páginas / amarillean
y en unas y otras / suelo leer....
(Ricardo Gil)

Con otra vez ese regusto por la mezcla de finales esdrújulos + agudo:

rumor de lágrimas / y oscuridad

que de no insertarse en una serie de ese ritmo –allí aparece– podría ejecutarse como endecasílabo vacío (2.4.10). ¿Habrá que recordar –es uno de los viejos postulados de García Calvo– que una cosa es la prosodia y la gramática y otra el ritmo? Los modernistas y los poetas regionalistas gustaron de ese ritmo del decasílabo o del ritmo de los viejos cantos (3.6.9) cuando no era hemistiquial:

Con el vago ropaje que vistes   
y que toma el color del deseo... (R. Gil)

y de ese modo tan musical recuperaron para la poesía en verso un metro que poco se había traído a versos, como hizo Darío en "Cisnes, III) por ejemplo, dactílicos a los que pertenece este aparente endecasílabo (4.7.10) de gaita gallega, inserto en una cadena rítmica de hemistiquios pentasílabicos: 

para las águilas / toda la gloria

Poema en el que no falta alguna diablura del poeta, que coloca una palabra larga ocupando el cruce de hemistiquios:

sonaban alter/ nativamente

Cuando el decasílabo va por libre, es decir, se inserta en series de versos de ritmo no uniforme –que eso es el verso libre– puede aparecer indistintamente de una u otra manera, como en los dos primeros versos del primer poema de Trilce, de César Vallejo:

quién hace tanta bulla, y ni deja  4.6.9  o 1.4 + 1.4
testar las ilas que van quedando  2.4.7.9  o 2.4 + 2.4

Pero todo eso nos lleva a la casuística del decasílabo, de la que hablaremos en otro momento.
Nos queda por reseñar la aparición de versos hemistiquiales que son al mismo tiempo cadenas rítmicas, como así ocurría con las viejas coplas de arte mayor, que se construyen sobre dos hemistiquios, cada uno con al menos una secuencia rítmica óoo. Lo que se ha vuelto a escribir, a partir de Darío al menos –existe toda una monografía de Domínguez Caparrós sobre ese ritmo.

El cisne en la sombra / parece de nieve;  2.5 + 2.5
su pico es de ámbar, / del alba al trasluz;    2.5 + 2.5
el suave crepúsculo / que pasa tan breve   2.5 + 2.5
las cándidas alas / sonrosa de luz.   2.5 + 2. 5    

Habrá un tercer post que completará todo lo relativo a hemistiquios.


1 comentario:

  1. Gracias por estas lecciones a distancia: para tener tiempo y leer despacio y para repasar cuando a alguno le haga falta. Interesante.

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