Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

jueves, 30 de diciembre de 2010

Noche

Al poco de apagarse la luz la sombra de la silla se convirtió rápidamente en la de un animal quieto, que me miraba y estaba esperando a que me moviera o a que hablara para saltar sobre mí; y si entreabría los ojos y, sin  moverme apenas, atisbaba la medio oscuridad del otro lado, el cambio de luz de la puerta abierta favorecía el juego de oscuridades, y la del pasillo era mucho más profunda que la de la habitación, tan profunda que allí podría ocultarse cualquier cosa, de manera que mejor no moverse y no intentar explicar a mi hermano, que dormía a la infinita distancia de otra cama, que ese silencio de la casa, con algún crujido de madera vieja en el pasillo o dentro de algún armario, era en realidad un toque de trompetas que iba a anunciar el asalto definitivo de los monstruos hacia nuestras camas. Y he aquí que entonces, aquella aciaga noche de invierno, una entre varias en las que el ataque de los monstruos se cebó en mis pocos años, a unos mocos desprevenidos se les ocurrió salir de las narices a ver qué pasaba, y se fueron deslizando bonitamente por hacia el labio superior durante un tiempo eterno; era ya tarde cuando pensé que una buena sorbida les devolvería a su lugar natural, porque el salado ya se degustaba en el labio de arriba y porque había de ser, obligadamente, una maniobra con poderío absorbente, que iba, sin ningún lugar a dudas, a alertar a los monstruos, que entonces ya, resueltamente, dirigirían el ataque contra mí. La desazón, en el colmo de las desgracias, me produjo angustia y pena, y la pena, no sé si por su natural o por el llamado de los mocos, envió un par de gruesas lágrimas, carrillo abajo. Recuerdo perfectamente que no podía controlar todo: la puerta, la silla, los mocos, la pena, las lágrimas.... ¿cómo mantener todo aquello en silencio, como prolongar la quietud que no alertara a los monstruos sobre los objetivos prioritarios, si el cosquilleo inicial de aquellos malhadados mocos, conchabados con la avenida de las lágrimas y la angustia había empezado a provocar ramalazos y sudores en el resto del cuerpo, que, como es obvio, mantenía a duras penas una quietud pétrea?
Todo se iba a ir al traste si no tomaba una determinación. Sabía que podía perecer en la resolución del conflicto, pero había que resolver, porque las narices, animadas quizá por el éxito de la primera expedición, acababan de enviar una segunda remesa que, aprovechando la carrera de la primera, se dirigía con sus refuerzos a mayor velocidad a taponar todo lo que encontrara su paso. Y del ojo derecho, que se apoyaba prácticamente sobre la almohada –dormía acurrucado, de lado–, manaba una fuentecilla lacrimosa que ya había mojado la funda de la almohada. En fin, era necesario algún tipo de rascado en zonas en las que se había concentrado el picor, particularmente a la altura del muslo derecho, encima de la rodilla, y el algún lugar de la pantorrilla izquierda, en la zona de la corva.... lugares alejadísimos para poder llegar sin revolución. Y esto por no querer darme por enterado de que parecía que se me estaba durmiendo un brazo, el derecho, y de que la negrura de la puerta estaba cada vez más cerca y era, por tanto, cada vez mayor. Hice un esfuerzo supremo y arriesgué la vida:
– ¡Agua! ¡Tengo sed! .... ¡Mamá....! ¡Tengo sed!


[Denis Antonio]

Sáficos invernales, de "Libro de sonetos": "Nunca con tanta intensidad sintió...."



Nunca con tanta intensidad sintió
este amasijo que no sabe nada
la rapidez con que se evade el tiempo,
la rapidez con que el invierno avanza;

y nunca supo, con certeza limpia,
en los silencios de las noches largas,
si lo que dice y lo que busca ahora
pudiera ser lo que en el  pecho guarda.

El ademán, que ya no importa mucho,
es de sonrisas y hasta a veces canta,
por la costumbre de ocultar tristezas;
por apartar lo que el dolor amarga.

Nadie nos dijo qué camino sigue.
La voz se extingue. No llevamos nada.

El III Duque de Osuna, don Pedro Girón

Debo a la gentileza de su poseedor actual la espléndida reproducción y detalles del cuadro adjunto, del que ya había dado noticia –lo había perseguido en vano– en entrada anterior de este cuaderno, a partir de la amabilidad y exquisito conocimiento de los recovecos de la investigación de Fernando Bouza. Después de muchas idas y venidas, he aquí la efigie, solemne y cabal, de don Pedro Girón, III Duque de Osuna, virrey de Sicilia y Nápoles, protector y amigo de Francisco de Quevedo. El retrato circulaba por ahí, escasamente, como de "un gentilhombre"; pero el bastón de mando, el fajín, la armadura, la pose casi oficial del retratado, a manera de reyes y grandes, y otros detalles indican bien a las claras que se trataba de un personaje poderoso y conocido. Sobre otros detalles más particulares –cuiado de la imagen, pelo oscuro, ocultamiento de la estatura....– ya tendremos ocasión de hablar. La tradición dice que se trata de pintura de Bartolomé González, uno de los retratistas oficiales de Felipe IV, lo que me perturba algo, pues me gustaría pensar que está hecho del natural y no a partir de dibujo o copia ligera –el pintor vallisoletano trabajó muchas veces a partir de esos pequeños modelos; estoy intentando rehacer el catálogo de lo que entonces pintó. Y me perturba porque, según mis cálculos, Bartolomé González y el Duque no se pudieron ver en la fecha que determinan otros rasgos;  y la fecha está casi clavada por el cuello escarolado (anterior a la pregmática de comienzos de los años veinte) y por el bastón de mando (de la época napolitana), es decir, de entre 1615-1620. Me extrañaría sobremanera que se hubiera hecho a la vuelta del Duque de Osuna a Madrid, con el cambio de reinado, es decir, a partir de 1620, pues los acontecimientos que entonces se suceden y no solo en Nápoles –con el Cardenal Zapata– van a terminar con su fortuna.
Me gustaría insistir en que no se conocía verdaderamente la imagen, ni el rostro, del  III duque de Osuna, y que las referencias precarias del perfil de una moneda o del esbozo de una estatua no eran suficientes para corroborar ese gesto de osadía y grandeza que el retrato nos enseña. Tampoco eran muy de fiar las imágenes tardías (la de Caraceda, por ejemplo). 

El mejor acompañamiento para este retrato ha de ser la canción que le dedica Lope de Vega justo en estos momentos (reproduzco la edición de Sancha), a la vuelta de Italia; Lope, como Góngora, no fue muy afortunado en sus amistades nobiliarias, de manera que el repiqueteo de campanas (nótense las trimembraciones al terminar cada estrofa) y elogios de la canción contradicen la prisión y muerte, muy poco después (1625) de don Pedro.




Quevedo. Documentos originales

Trasegamos –Diana Eguía y yo mismo– la documentación original de don Francisco, que vamos a entregar en breve a la Fundación Francisco de Quevedo, de La Torre de Juan Abad,como consecuencia de los buenos oficios de su presidente, José Luis (Rivas); en esa documentación, que puede parecer un montón de papeles viejos, se encuentra la fuente de multitud de noticias sobre nuestro autor, muchas de las cuales todavía veo que circulan de manera imprecisa, irregular, acompañadas de datos falsos, etc. Hace poco, en este mismo cuaderno expliqué, por ejemplo, la historia de los Dichos y hechos del Duque de Osuna, obrita de Quevedo que no tardaremos mucho en poder leer, digo yo. También empecé a dar noticia de árboles genealógicos y ramas familiares, muy abundantes en los papeles que tengo.
El ejemplo que traigo y expongo hoy es el documento original que nos lo sitúa como estudiante en 1601. Los lugares y los estudios de Quevedo no se han podido fijar exactamente nunca, de manera que las historias sugferen y suponen. Es documento viejo que obtuve en los archivos de la Universidad de Valladolid, aunque en él se hable de Alcalá de Henares. 
De letra difícil –procesal encadenada–, a lápiz en la fotocopia se aprecian todavía las lecturas parciales para descubrir su contenido; las he dejado por si alguien quiere completar su lectura. Pienso ahora que, si no lo he publicado nunca, ha sido porque todavía me faltan por leer algunas palabras. El tiempo, el maldito tiempo.
El fragmento que se refiere a don Francisco, a partir del final del tercer renglón, dice entre otras cosas: ".... vecino en la villa de Alcalá de Henares por el año de 601.... tiempo se gradue junto con... el dicho don Francisco de Quevedo.... bachiller en artes  no puede dejar de ser.... aquella universidad no se hace de esta manera y esto...." Le diremos a Dolores Noguera que nos termine su lectura.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Desaparece CNN + noticias. Me hago eco de protestas

Me ha llegado este correo, es envío masivo, que no sé si sabré incorporar a mi "blog", y que denuncia la desaparición de un canal de noticias que, aunque no era perfecto, cumplía una misión informativa, cada vez más deteriorada, precisamente aquella que se puede defender con la recuperación de los procedimientos artesanales,  a partir de las personas, los rincones, el tiempo, etc. que cada uno vive, es decir, una de las razones para mantener vivos y abiertos lugares como  los "cuadernos de pantalla".


La información viene de:

https://secure.avaaz.org/es/tv_en_espana/?vl

Esta semana está previsto el cierre del canal de 24 horas de noticias CNN+ y, con él, uno de los escasos espacios informativos de calidad en la televisión de nuestro país.

El golpe de gracia llega con la renuncia del grupo Prisa a su derecho de mantener un canal de TV en abierto, tras su fusión con el imperio mediático controlado por el magnate y primer ministro italiano, Berlusconi , y la reciente entrada en Prisa de un poderoso fondo inversor y de especulación estadounidense. Los nuevos directivos ya han anunciado que el hueco que deja CNN+ será ocupado por un canal dedicado exclusivamente al 'reality show' Gran Hermano.

La pérdida de espacios informativos y de debate serios, y la proliferación de programas dominados por el morbo, el sectarismo y la controversia sensacionalista, amenazan nuestra cultura democrática . Miles de ciudadanos ya se están movilizando. Unamos ahora nuestras voces a las suyas en defensa de unos medios de comunicación plurales y responsables en España. Firma la petición ahora y la entregaremos a directivos clave del Grupo Prisa esta misma semana:
Acuciado por las deudas y bajo la sombra de una pésima gestión económica, el grupo PRISA cedió hace un año su licencia de TV en abierto a Telecinco, de Mediaset, y ahora se ha apresurado a deshacerse de CNN+, tras once años durante los cuales el canal de noticias ha venido desempeñando un papel crucial como instrumento informativo y de análisis crítico para un número importante de ciudadanos.

Más allá de la funesta desaparición de CNN+, lo que de verdad está en juego es el acceso de los ciudadanos a una información veraz, plural y de calidad, base de un ejercicio responsable y democrático de nuestros derechos y obligaciones.

Las experiencias de Italia (con Berlusconi en control de más del 80% de los canales de noticias del país) y de los Estados Unidos (en los que la gigantesca red de TV por cable Fox News está dando alas a las voces radicales ultraconservadoras del Tea Party), nos sirven de aviso contra la consolidación de modelos mediáticos en los que los beneficios económicos cortoplacistas y los discursos populistas y, a menudo, anti-democráticos, dominan una significativa parte del medio televisivo.

Con el cierre de CNN+, y la expansión del modelo impulsado por la Telecinco de Berlusconi, el panorama de la televisión en España comienza a ser muy preocupante. Enviemos ahora un mensaje contundente a los dirigentes del grupo PRISA para que demuestren un compromiso firme y claro en apoyo de una televisión seria y progresista al servicio de los ciudadanos. Únete a esta acción ahora: haz clic a continuación y reenvía este email a todos tus conocidos:



Con determinación,

Luis, Maria Paz, Paula y todo el equipo de Avaaz.


Clara


Llevo un tiempo mirando a Clara, discretamente, creo que sin que ella se dé cuenta. Es demasiado joven para saber lo que puede haber detrás de algunas actitudes y gestos de los adultos. Nos vamos a ir, pero le pido que me espere un momento mientras entro en el bar y le dejo sentada en la terraza. Eso me permite, por lo demás, rebajar la emoción que me produce y disimular. Atardece en madrid, una hora mágica para mí.
La memoria selectiva no me deja recordar muchos otros detalles del madrid destartalado y ruidoso que yo conocí, y sin embargo, sin embargo, mantiene contra viento y marea detalles absurdos que no tendrían por qué haberse conservado con tanta nitidez, en este caso inextricablemente unidos al atardecer. Me acuerdo por ejemplo y con precisión fotográfica,  de la mirada casi suplicante de aquel hombre –solo ahora pienso que era bastante viejo– mientras yo esperaba en el metro de Goya no sé qué; fue el tiempo que calle y cielos pasaron de los azules suaves, que se iban diluyendo, a los azules densos de la noche. Volvía de un partido de fútbol, y tendría que ser verano o poco antes, porque no me había cambiado el pantalón de deportes, los calcetines gruesos me picaban y constantemente me agachaba o me movía para rascarme las pantorrillas, o me hacia un hueco en la camiseta para soplarme y refrescarme el pecho; cansado como debía de estar, me acuerdo que buscaba asiento cómodo y me movía de un lado a otro, arrastrando una bolsa de deportes, que estaría, como yo entonces, sucia, maloliente, desordenada.... Modo despreocupado de vivir que solo se permite la adolescencia. Tenía ganas de llegar a casa, hacia calor, sentía sed y no me afectaba tanto como otras veces el juego de colores del atardecer; una sensación que más tarde he intentado describir de mil maneras, y que casi nunca lo he conseguido. Sensación de pérdida, que entonces probablemente, no relacionaba con ninguna otra circunstancia, se quedaba en sensación. Y aquel hombre me volvió a mirar; pensé que se había confundido; los pocos años que yo tenía no me llevaron a extraer ninguna otra explicación, sencillamente, no me paraba a pensarlo. Aquella mirada tan peculiar, sin embargo, prendió en mí durante unos segundos; la sentí, y me fui con ella: ternura, pasión, deseo, secreto, vergüenza, tristeza, soledad.... cuántas cosas he ido descubriendo en aquella mirada, que no supe interpretar, como el comentario jocoso del quiosquero, que debía de haber observado todo: “¡Cómo le tienes, chaval....!”, que se reía mientras yo entraba en el metro.
Al pasar hoy por delante de los espejos del bar y decirle a Clara, que me esperaba, que volvía enseguida, mientras, desaliñada, jovial e indiferente buscaba sabe dios qué en el bolso, he reconocido aquella mirada en mis ojos.


[Denis Antonio]

martes, 28 de diciembre de 2010

Sáficos invernales, de "Libro de sonetos"



Vuelve la tarde a descansar sus luces
y vuelves, vuelves tú invariablemente,
llevas mi corazón como una zarza,
campo de amor sobre la vida leve;

en travesía que a las estrellas llega
la tarde va y desde la tarde vuelves
para abrasar lo que los sueños dicen
a despertar la oscuridad ardiente,

todas las noches cuando al fin te acercas
brisa de amor que llega y estremece,
todas las noches encontrar palabras
y repetir tu nombre inútilmente.

La tarde vuelve a descansar los días.
Contigo soñaré. La noche vuelve. 

Madrid histórico, las Vistillas y la Cuesta de la Vega agredidas

Ayer, con un frío tremendo, iniciamos las visitas al Madrid histórico, y para hacer las cosas ordenadamente nos citamos en la explanada que se abre entre el Palacio Real y la Almudena, para comenzar desde las viejas murallas o desde el lugar que había sido el Alcázar. En otro momento me referiré ordenadamente a estos paseos, pues el de ayer, como era en compañía de tres jóvenes investigadores, iba a tener esa doble actividad que quiero dar a los paseos: conocimiento del Madrid histórico, pero también toma de contacto con posibilidades de investigación y estudios de su vocación filológica. Así pues, empezamos por entrar en la Biblioteca del Palacio Real y hasta nos asomamos al Archivo, lo que nos consumió prácticamente toda la mañana.

Salimos luego al Madrid navideño y nos desplazamos andando hasta la Biblioteca Nacional, donde continuamos con nuestra actividad; en ese breve intervalo eché una ojeada a la explanada de la plaza de Oriente, anduvimos hasta la cuesta de la Vega, vi las excavaciones árabe de la muralla, atravesamos la calle Sacramento, bajamos bordeando las Bernardas, pasamos por delante del lugar donde estuvo el estudio de López de Hoyos –la placa dice que allí estudió Cervantes; el hilo documental es muy fino– , les señalé desde la Plaza de la Cruz Verde la morería.... Todo muy rápido. Ya volveremos despacio.

Monstruito que se construye mirando –y tapando– la Vega
Lo que quisiera señalar es que de toda aquella zona, remodelación, etc. lo que más me extraño es un monstruo blanco, inmenso, que alguien ha elegido para levantar justo delante de la Almudena, cerrando toda la hermosa vista velazqueña, la de la Vega, la de Casa de Campo.... Vistillas (las de San Francisco, antes, ahora otra cosa). No tengo ni idea de quién ni cómo se ha perpetrado esa barbaridad –una más– por la que el viejo Madrid sigue siendo agredido sistemáticamente, con el consentimiento (¿y apoyo?) de quienes tendrían que velar por estas cosas. 












No tendría por qué lo nuevo destrozar lo histórico, sobre todo cuando se presume que no hay ni siquiera necesidad real ni función estética. ¿Qué es lo que entonces habrá impulsado a promotores, ayuntamientos y demás a esa construcción?

Cancionero de Clara: "Mira, mejor llevarnos de la mano..."



Mira, mejor llevarnos de la mano
y aprovechar los parques para besos,
no vaya ser que de repente digan
que no se puede hacer ya nada de esto.

Si cruzamos un río, tirar piedras;
subir al monte y que te empuje el viento;
que si es muy tarde, quédate a dormir;
y déjame ahora que te mire el pecho...

Hay tantas cosas todavía hermosas,
tantas son las que no hemos visto ni hecho,
que lo mejor, ya sabes, disfrutarlas,
con temor e ilusión, casi con miedo.

Porque no está el peligro en la verdad,
en la mentira está y en el secreto.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Antiguos versos de amor y sus consecuencias



Hay veces que decir solo es mirar,
y que mirar es la mejor palabra,
escogida por voz transparente
que decir sabe todo lo que calla.

Para tus ojos limpios que me escuchan
alzo en silencio mi canción guardada,
sé que la escuchas si se posa en ti
y de tus ojos vuelve iluminada.

Mirarte dice que no sé las voces
que ocupan dentro lo que tanto te ama;
pedirte que me leas como yo hago,
que me dejes quedar en tu mirada.

Te digo quejas y querencias digo;
no quiero que te calles, mira y habla.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Libro de sonetos: "Un mahler melancólico, llorón...."


Un mahler melancólico y llorón
ha venido a estropear toda la tarde
y no puedo salir a campo abierto
si no escucho un cuarteto de Mozart

y me traigo al  recuerdo tus imágenes,
las que más y mejor se manipulan,
y te voy desnudando mentalmente
sin tapujos ni falsa moralina.

Lo que no entenderás –tampoco yo–
es por qué te lo digo en estos versos
suavemente medidos y melódicos
que no tienen la fuerza de tu cuerpo.

De misterio en misterio nos movemos.
Eres tú, solo tú, la realidad. 

Canciones que arrastran música, músicas que llevan canciones

Hace muy pocos días en el “cuaderno de pantalla” de persona querida volví a leer el hermoso poema de Paul Éluard a la libertad: “Sur mes cahiers d’écolier ... j’écris ton nom...”. En conversacion sencilla, más tarde, observé que había pasado a versiones castellanas y, a la postre, había perdido su raíz, todavía mentada, por ejemplo en la hermosa versión que de él hizo Nacha Guevara, hacia los años setenta.
Ese proceso de ósmosis, comunicación, impregnación, etc. es harto conocido para los filólogos, pues se remonta nada menos –con las lógicas variantes históricas, cada vez más complejas– que a los estudios de Menéndez Pidal sobre la poesía tradicional, a su vez conectados –polémicas, reflejos, etc.– con toda la poesía de transmisión oral. Por supuesto que no será cuestión ahora de todo eso, que ha desatado ríos de tinta; y lo que te rondaré, morena.

Me atrae sobremanera el proceso de tradicionalización que impregna muchas manifestaciones musicales de hoy, provenientes de campos muy distintos, sobre todo en aquellos casos en los que el recuerdo de los versos –de la letra– parece haberse perdido. Siempre me maravilló que la versión con que Lole y Manuel terminaron uno de sus discos (“Dios está azul, la flauta y el tambor anuncian ya la cruz de primavera....”) fuera la balada de Juan Ramón Jiménez, eso sí, sin atribución de autoría por ningún lado. Algo parecido me ocurría con el “Guantanamera....”, tan popularizado en canciones latinoamericanas, cuyo primer apoyo son los versos de Martí; pero cuyo camino se inicia, para Martí, probablemente, en el folklore. Martí, por otro lado, aparece frecuentemente como “letrista”, por ejemplo en el disco que he citado antes de Nacha Guevara, en donde hay letras de Benedetti, entre otros.
A poco que uno hurgue en el campo afloran hermosísimas canciones (música + letra) en las que lo importante es la nueva criatura, no solo la letra, no solo la música; y como lógica consecuencia, los creadores que se han movido en ese campo unas vecen toman y otras crean, dejando retazos lírico expresivos que prenden en nuestra memoria para jugar con nuestra emoción: son los “Gracias a la vida....” de Violeta Parra y semejantes, que pueden pasar a versiones múltiples o provocar la creación original, como en las muy logradas letras de Joaquín Sabina.
Por supuesto que en esa deliciosa marea musical de la poesía hay que situar toda una batería de clásicos, con sus raíces: las canciones populares de Lorca, pero también las versiones lorquianas (de Carlos Cano, por ejemplo); las viejas y míticas versiones de Paco Ibáñez, las más modernas de Serrat... En latinoamérica la voz popular llega por todos lados y tiene sus nombres clásicos, como el de A. Yupanqui (con decenas de versiones, entre ellas las de Mercedes Sosa) o el universo musical de Chavela Vargas. El campo es inmenso porque afecta a milongas, tangos, boleros, salsa, flamenco... Y en esa inmensidad se puede producir, de vez en cuando, un cruce más novedoso, como el de Falla cantado por Rocío Jurado, creo recordar que con la sinfónica de Nueva York; o o por la misma Lole, esta vez por orquesta sinfónica de Londres.
Si echo la vista atrás me doy cuenta de que puedo reconstruir este mestizaje entre letras y músicas con bastante facilidad, incluso para alcanzar los orígenes en albores del idioma, y que también puedo adivinar cuándo se adelgaza la comunión y casi se pierde, para que cada una de las modalidades se vaya cerrando sobre sí misma. Garcilaso fue antes cantado que impreso, como he publicado alguna vez –siguiendo datos de E.L. Rivers–, pero con la poesía de aquel siglo desciende esa veta y aparecen las dos modalidades del divorcio: la poesía “culta” o intelectual, con su hito esencial en la aparición de la “silva” a comienzos del siglo XVII y los antecedentes de epístolas y subgéneros de largas tiradas, muy difíciles de cantar; y la música de salón y cortesana, como mero placer sonoro. La larga travesía que espera durante los siglos siguientes va madurando ambas posibilidades: música de cámara y sinfónica al lado de la poesía culta, sin que nunca desaparezca en ambientes populares y folklóricos la versión musical de letras (tonadillas, canciones, zarzuela....) Los músicos cultos, cuando recogen la voz humana como instrumento, se apoyan casi exclusivamente en letras cultas (los “lieder”); aunque en algunos casos –la ópera, la zarzuela...– se mantiene viva la popularidad; pero la música y la poesía cultas iniciaron a finales del siglo XIX su camino hacia ¿dónde?, se fueron cerrando sobre sí mismas, hasta llegar a ser lo que son hoy.

Mientras tanto, desde la segunda mitad del siglo que se fue, comenzó a surgir con fuerza, con gracia, prendiendo en la memoria colectiva de quienes quieren seguir escuchando letras musicadas, este proceso de enriquecimiento expresivo que no sabemos a dónde nos lleva, pero que tanto nos hace disfrutar.
“Lo mismo que el fuego fatuo, lo mismito es el querer; le huyes y te persigues; le llamas y te echa a correr... Malhaya los ojos negros que le alcanzaron ver; malhaya el corazón triste....” (estoy escuchando a Lole, mientras escribo esta nota, cantando “El amor brujo”, de Manuel de Falla).

sábado, 25 de diciembre de 2010

Libro de sonetos: "Tenemos que cuidar la poesía..."

Tenemos que cuidar de la poesía
y proteger su campo de labores,
porque es lugar donde sucede aquello
que hemos llamado a veces libertad.

Libertad, libertad, no es libertad,
es la capacidad de conocer
libremente, de ser, imaginar,
pensar y desechar sin obstruciones,

desbordar y vencer la inteligencia,
hablar y discutir lo indiscutible,
romper el molde al que nos han forzado
con palabras, palabras y palabras;

una herramienta humilde y necesaria
con la que a veces conseguimos algo.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Antiguos versos de amor y sus consecuencias





Dime dónde estarás, te iré a buscar,
solo quiero dormir cerca de ti,
sentir tu compañía que me lleva
al silencio que ocupas en mis sueños;

que tus manos apaguen mis ideas
mientras las yemas de tus dedos cierran
mis párpados y miro la avenida
de los cansancios cómo se apaciguan.

Que no pase el amor ni la ternura,
vamos a ser así, como sentimos,
que la fragilidad nos emocione
y venga de los otros la alegría;

y que pueda decirlo sin vergüenza:
yo pienso en ti todos los días, todos. 

Libro de sonetos: "Para pensar ha habido mucho tiempo..."



Para pensar ha habido mucho tiempo.
La travesía de los falsos dogmas
a la ignorancia nos devuelve, inútiles,
abandonados, sin ninguna ayuda,

mirando mares y sintiendo nada,
porque ignoramos los adverbios simples
y usamos “cuando” descuidadamente,
sin admitir la incertidumbre, al menos.

Que se inventa parece cada instante,
que te lleva cogido de la mano
donde los versos no funcionan bien
y te puede ocurrir cualquier suceso.

Momentos son del tiempo los raíles.
La vida por momentos misteriosa.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Antonio

Llevo toda la tarde dando vueltas como una tonta, con el teléfono en la mano, con lo fácil que hubiera sido llamar y ya está. “Antonio, estoy sola en casa...” No, no; mejor: “Antonio, puedes venir si quieres...: sin la condicional: “Antonio, ¿vienes?....” ¿O sin la pregunta? Ya está. Como empiece otra vez con este rosario de dudas se me pasarán otras dos horas y no lo decidiré. Pero ¿por qué tiene que ser tan complicado una cosa tan sencilla? Antes, cuando estábamos juntos, él venía o yo le llamaba y sanseacabó. Quizá lo complicado sea recuperar aquella situación que, de puro simple, ni siquiera la pensábamos; ahora están de por medio este par de meses malditos y lo que haya ocurrido durante todo ese tiempo sin vernos. A mí no me ha ocurrido nada inconfesable, de eso estoy segura; bueno y lo que me ha ocurrido, pues ha ocurrido y ya no se puede remediar, lo del guaperas; bah, menudo gilipollas el guaperas, al final un precioso pedazo de carne incapaz de sugerirme nada de nada; lo único que quería es que le mirara cuando se ponía en calzoncillos, como si tuviera la gracia en el ombligo. ¡Qué mierda de tío! ¿Y a Antonio, qué durante este tiempo? No sé, no sé; cuando ayer me dijo con cara de desgana que andaba solo y todo eso, no supe adivinar si era verdad o la técnica del machito que se hace el dolido y abandonado, cosa que Antonio no ha sido nunca; menuda pachorra tenía; salía yo por una puerta y entraba otra por la de atrás, y la otra casi siempre era la Adelita, moviendo culo. Bueno, bueno. Si tanto le gustaba que le movieran el culo,  que se vaya de pasarelas y que hable como habla él, como quien sabe de todo, con un buen culo. El caso es que ese no es el tema ahora. Quiero verle, quiero que venga, quiero mucho más; es como una obsesión de repente, como si solo me interesara él, sus narizotas que se me clavan en la cara y me hacen daño cada vez que me besa, los ojos de susto cuando hacemos el amor, las patas de elefante que no se terminan nunca de descalzar... ¡qué tío!  Y que me hable y me diga todas esas mentiras que me dice, sabiendo que lo son y que yo no me las creo. Lo que más gracia me hace es que no tiene ni puta idea de qué es lo que más me gusta de él; ni de cómo me gusta; al final, se fue o le eché o lo que sea y ahora me estoy volviendo loca por volverle a ver. Joder, Antonio, si te pillo ahora no me duras ni medio minuto, te devoro. Pero tendría que llamarle. ¿Y cómo coño le llamo para que venga?  Esto es desesperante. Llamo y ya está. Pues no, porque si no lo hago bien, el tío me va a sacar el tema del guaperas y de ahí no pasamos. Me lo tengo que pensar pero que muy bien.
Llaman. ¡Joder, es Antonio!
.... Sí, sí, hola tío... claro.... no.... si.... pues....
– Mira, Antonio, te tenía que decir.... ¿Y por qué cojones te tenía yo que llamar...?.... Pero....
– Mira, Antonio, sabes lo que te digo: que no vuelvas a marcar este teléfono en tu puta vida.


[Denís Antonio]

Libro de sonetos: "No puede ser que tanta luz refleje...."




No puede ser que tanta luz refleje
una tarde de invierno triste y gris,
alguien habrá encendido en algún sitio
luminarias, ¿has sido tú? No sabes

cómo se ve ahora todo transparente
y las ganas que tengo de una vuelta
bien agarrado a tu alegría limpia
y de pararme en las esquinas para

aprovechar los escondites donde
pusimos la ilusión de nuestros besos
y para que las manos ejerciten
la inútil prohibición de los susurros.

Algo habrás hecho para que suceda
este milagro de un invierno mágico.

Memorias de profe


Hoy he dado la última clase en un curso de literatura, en una universidad española, y aunque he intentado ceñirme a dos o tres cuestiones fundamentales –salvar lo esencial–, no sé si lo he logrado, que es uno de los síntomas del profe cuando termina tareas. Las malditas legislaciones, al margen siempre de la realidad, terminan por desvirtuar lo que hubieran podido ser intentos continuos de lograr algo positivo. Durante el último año la llegada del plan Bolonia convirtió al aula –que venía siendo ya excesiva, de entre cuarenta y cincuenta alumnos– en un tumulto de más de cien, con horarios reducidos, en donde resulta imposible algún tipo de tarea coherente, formativo, realmente dirigida, controlada.... He detectado –y también mis becarios, que me han ayudado con las clases– alumnos de vocación firme, de formación adecuada, capaces de soportar el tedio y la masificación y de seguir manteniendo la ilusión literaria y, de ahí, la del trabajo y del estudio. Pero no creo que sea posible esa atención educadora que refleje el conocimiento personal, los comentarios de las lecturas, el consejo para determinar en cada momento una elección, incluso algo tan alejado hoy de la educación como puede ser el hallazgo y cultivo y disfrute en cada uno de la chispa intelectual, o las razones del tedio y la desgana, que son perceptibles en la mitad de los inscritos.... Adivino la riqueza humana en la formación de Álvaro, la necesidad que tiene de seguir leyendo y comentando María, el entusiasmo de Guillermo, la inclinación hacia la literatura seria de Sergio, la capacidad de entendimiento de Elizabet, la facilidad con la que asume contenidos Mar, esa maravilla que son los dos adultos en primera fila.... Y también he visto la deshilada de muchos, perdidos ya antes de llegar, irrecuperables probablemente, a los que el sistema asestará la última puntilla.
Y en las píldoras finales insistí en apenas cuatro cosas:
– que se reafirmen en ser ellos y en asumir desde su condición individual lo que les van a hacer llegar como “Literatura”, al margen de la marea crítica y de la costra académica, no por desprecio hacia esa tradición –ya les llegará o ya accederán a ella– sino para intentar constantemente romper los esquemas prefabricados que sirven para ahormarles en un sistema que –eso sí que lo saben– tiene demasiados defectos; y sobre todo para construirse camino con sus ojos, sus experiencias, directamente, braceando contra las dificultades a fuerza de lecturas, charlas con los que andan con ellos, pensando por ellos mismos, intentando escapar al organicismo feroz que ahora se llama “globalización”, y a sus secuelas.
– Adopté tono apocalíptico –espero que me lo perdonen– para que eviten la radicalización del juicio matemático y del etiquetado a toda costa más allá de lo necesario. Lo necesario es navegar intelectualmente; pero que sepan volver continuamente a la complejidad del mundo real –y de lo que se llama “literatura”– que pocas veces, al menos en nuestro terreno, se puede resumir sin menoscabo de la verdad o sin dogmatismo. Que no busquen, por tanto, el final bueno o malo de la peli. “Jopelines”, me dijo María, “con lo que a mí me gusta clasificar”. Solo podemos clasificar y dar como clasificado lo que así está en la vida real; para los demás casos, se trata de un juego intelectual.
– Y defendí ardientemente –un punto de emoción sí que experimenté, a veces– su campo de creación, que podía estar en géneros ajenos –la expresión oral, el ensayo crítico, la carta...–, pero que mantenía vivo el circuito de la libertad, el lugar donde cada uno –y los que en ello creen– se construye más allá de las pautas, descarrila con todas sus consecuencias para construir el me da la gana. Que se mantenga vivo ese quehacer, al margen de premios literarios, famas y posibilidades mercantiles –derivado muy lejano. Que nadie les embote la imaginación ni prenda en su modo de actuar el señuelo de imaginaciones prefabricadas.
— Y no les dije, no me atrevi, que la Literatura no existe, claro; porque sí que es cierto que, aunque no exista, sí que existe una actividad humana a la que se ha llamado “literatura” y alrededor de la cual se ha creado una formidable mitología.
Tampoco habría que insistir demasiado en todo ello; vayamos a que literatura, conceptos enquistados, crítica, etc. se nos colaran por la puerta de atrás, precisamente cuando les estaba comentando que a mí me parece, que vamos, que yo creo que....
Y además, todo lo que acabo de comentar, puede que, si lo devolvemos a esta tarde lluviosa de invierno, en ella se diluya y su valor como trasmisión de ideas sea escaso.
Mi viejo, querido y admirado alumno Pablo Moíño –lo discutí a veces con él– me enseño a despedirme, en cualquier circunstancia en los c.e., con “un beso”. A lo mejor esa es la razón por la que ya no escribo nunca c.e. al rector, al papa, a esperanza aguirre, a mariano...; y sin embargo me correspondo con muchos de mis alumnos y desearía corresponderme con F. Hardy o con Beatriz Montañés, porque la palabra –aunque no exista la literatura– sí que arrastra, con su concepto, a la imaginación, y a esa dama formidable la mantengo limpia, pulida, despierta, viva.











Libro de sonetos: "Me parece penosa esa manera..."



Me parece penosa esa manera 
de conseguir las briznas, los despojos
de la pasión, penoso que deambules
por los rincones donde tú te piensas

que quizá puedas encontrar ahora
lo que resulta –vaya– que te falta;
y el equilibrio entonces, las serenas,
clarividentes reflexiones hechas

con la profundidad que se merece
sobre modos y gestos de existencia,
sometida al maduro raciocinio
del espíritu, a sus nobles deleites,

que todo entre en zona de disturbios
y en monigote te conviertan, mierda.

"Ensaya con los sáficos, en sáficos...."



Ensaya con los sáficos, en sáficos,
a ver si de ese modo te apaciguas,
vences la ventolera del invierno
–sin que arrase propósitos decentes–

y añades mansedumbre a tu conducta
escuchando a Bartok por las mañanas
o releyendo nuevamente a algún
sesudo pensador envejecido,

que no aguantó el encontronazo irreme
diable de ser, pensar, sentir, vivir,
al mismo tiempo todo, y que por eso
se me vino a babear versos llorones

buscando el sonsonete de los pájaros
o algo así, inútil, francamente inútil.   



  

lunes, 20 de diciembre de 2010

Libro de sonetos: "Falta a veces solo el nombre..."





falta a veces solo el nombre
solo el nombre
que todo lo demás estuvo
mientras tanto

los dos pudimos decirlo
no era extraño
estaba en nuestro espacio
era nuestro

mas llega siempre distancia
el temor
a desear demasiado
y que duela

que la fuerza del amor
todavía

Libro de sonetos: "Mejor así sencillos casi puros..."



Mejor así sencillos casi puros,
tronco al aire tendiendo esbeltas ramas,
sin colores, sin pájaros, sin hojas;
tiempo en tregua, silencio en la mirada;

y que la luz de los inviernos pose
sus espaciosas capas lentas blancas,
y que sepamos ser quien un dia vino
y quien vivió, se despojó, y quien pasa.

Invierno en el camino de los álamos
erguidos, al salir, cada mañana,
mientras la niebla vaga entre la niebla
y el caminante ya no encuentra nada.

invierno vuelve siempre como extraño,
y como amigo ocupa ya mi casa.



domingo, 19 de diciembre de 2010

Arroz al horno

Mucho menos popular que la paella y sus variantes; y sin embargo más común en familias y hogares levantinos, que lo frecuentan, aprovechando sobre todo el caldo de los pucheros y cocidos de días anteriores. Un buen arroz al horno, sin embargo, es sencillo de preparar y requiere pocos ingredientes básicos (el arroz, un caldo y el horno.... poca cosa más), pues familiarmente se suele hacer c.l.q.p (es decir ‘con lo que pille’), signo de su versatilidad.
Como las paellas, se define luego por sus ingredientes: “vegetal” o de verduras, “de pollo”, “de pescado”, “de marisco”.... aunque a veces se le denomina por alguno de sus resultados más conocidos, particularmente el de “arroz con costra”, o el de “arroz sequito”.
Las cantidades son para 2-3 personas.
El que ofrezco ahora es un arroz dominguero, con un poquito de pollo –en honor a la tradición más antigua, a mí me gustan más lo de solo verdura– y c.l.q.p.
En una bandeja (de cerámica, de barro, de cristal, de hierro fundido, de alumnio...) se calienta un dedo de aceite (de oliva) para dorar el cuarto de pollo cuarteado; se retira el pollo y se reserva cuando ya se ha dorado y, en el mismo aceite y bandeja, se echan las verduras, que en este caso son un puerro, tres alcachofas peladas, un poquito de calabacín y unos ajos tiernos (no había más: admite pimientos, judías verdes, berenjenas, coliflor o brocolí....). 

Se aconseja no echar cebolla, que le ”roba” el caldo al arroz. Esas verduras se dejan macerar a fuego suave un buen rato (de media hora para arriba). Mientras tanto se calienta un cazo con caldo (1/4 de litro), que puede ser de cubitos o el que se haya guardado de hervir las judías verdes, etc., depende del sabor que se vaya a dar. Cuando las verduras están maceradas y el caldo caliente y listo, se echa sobre las verduras un vaso o taza de arroz (la misma cantidad de arroz que de caldo: es importante), a ser posible valenciano (aunque también pueden ser de tipo basmati, salvaje, de calasparra....; pero entonces hay que regular cantidades y tiempos). El arroz así, en semiseco, se revuelve con las verduras y con el pollo que se había dorado y retirado: se debe remover y salar ligeramente durante tres o cuatro minutos, sin que se pegue, todavía algo sauve, entre suave y fuerte. Ese es el tiempo que se aprovecha para encender el horno, a toda potencia (a 220º), para que se vaya calentando.


En el momento final, cuando ya está preparado todo y el horno caliente, se puede añadir lo que en los recetarios llaman “adornos”. Por mi parte, para dar color y para evitar que suelten mucho líquido, corto en pedacitos minúsculos medio tomate.
Va todo al horno. No se mueve. Se deja un mínimo de quince minutos y un máximo de veinte. Se saca inmediatamente y se cubre con un paño limpio hasta el momento de servirse.
Muy bueno, salió muy bueno. Mi comensal, que es muy exigente, repitió un par de veces y dejó el plato limpio.
Y una última cuestión por si no se termina o se ha hecho de más: a los valencianos les encanta el arroz frío del día siguiente, las sobras.


Cocina valenciana (MAD)